Con Francisco Maldonado cerramos la serie sobre los Comuneros, que sin duda debían ocupar un espacio en este blog. En las entradas anteriores, sobre Juan Bravo y Juan de Padilla, ya se expuso el contexto histórico en el que estos tres hombres vivieron, en los inicios del reinado de Carlos I.
Francisco Maldonado nació en Salamanca, en 1480. Era el señor de un pequeño concejo de la actual provincia de Zamora llamado El Maderal. Tenía el poder de intervenir en los asuntos administrativos, judiciales y religiosos de su concejo. Recibía beneficios directos, como dinero, especies y fuerza de trabajo.
La historiadora Clara Isabel López Benito atribuye la implicación de la familia Maldonado en la causa comunera a la disminución de sus prerrogativas señoriales. Otros autores lo desmienten, defendiendo la hipótesis de un frente común de la pequeña nobleza, la burguesía y las clases populares salmantinas contra la política imperial de Carlos I.
La Revuelta Comunera de Salamanca dio a Pedro Maldonado Pimentel, regidor en Salamanca y partidario claro de la causa, el encargo de la Junta de liderar las milicias rebeldes. Pero su vínculo familiar con el conde de Benavente, colaborador cercano de Carlos I, generó desconfianza entre las capas populares de la ciudad. Así es como se nombró oficialmente a su primo Francisco Maldonado capitán general de las milicias salmantinas. Cosas del destino.
El 21 de febrero de 1521, Francisco Maldonado, a la cabeza de un ejército de 200 jinetes y 6.000 soldados, acudió en ayuda de Juan de Padilla y del obispo Acuña para tomar Torrelobatón y su castillo (provincia de Valladolid). Apresó al realista Francés de Beaumont, pero sin atentar contra su vida. Tomó el mando de las tropas de Juan de Ribera.
Pero, el 23 de abril, el ejército realista sorprendió en Villalar a las tropas comuneras de camino a Toro. La derrota fue aplastante. Como ya se comentó en las entradas anteriores, Francisco Maldonado, junto a los demás líderes comuneros, Juan Bravo y Juan de Padilla, fue condenado a muerte al día siguiente tras un juicio sumario, una especie de simulacro. Murió decapitado en la Plaza Mayor de Villalar. Su cabeza y las de sus dos compañeros se expusieron en la picota del pueblo a modo de escarnio. Unas semanas más tarde, el 12 de mayo concretamente, su cadáver fue trasladado a Salamanca.
La batalla de Villalar marcó, prácticamente, el fin de la Guerra de las Comunidades de Castilla. La represión de Carlos I fue intensa. Pedro Maldonado, también apresado en Villalar, fue ejecutado más de un año después, el 1 de octubre de 1522. El rey ordenó, como castigo simbólico, desmochar las torres de los palacios salmantinos, como se puede apreciar todavía en la famosa Casa de las Conchas de Salamanca, patrimonio de los Maldonado, que sufrió la pérdida de una torre de esquina.
Con el paso del tiempo y el abandono del sueño imperial de Carlos I, las figuras de los Comuneros (entre ellos, Francisco Maldonado), fueron recuperando prestigio. Villalar se acostumbró a añadir «de los Comuneros» a su nombre, para honrar a los caídos en su tierra. En 1932 consiguió que se convirtiera en su nombre oficial.
Con la llegada de la Transición española se recuperó la dimensión simbólica de las Comunidades. A partir de 1976, cada 23 de abril se convocaban concentraciones extraoficiales en Villalar. Por fin, en 1983, el Estatuto de Autonomía castellano y leonés reconoció el 23 de abril como fiesta oficial de la recién constituida Comunidad Autónoma de Castilla y León.